Palabras ciegas, aquellas que se niegan a ver la realidad.
Palabras necias, aquellas que insisten con su mediocridad.
Palabras perdidas, aquellas que siguen sin fundamentos, ni necesidad de escucharse.
Y palabras sordas, cuyo sonido y timbre ignoraste, que sin medida alguna tomaste y lánzate a la basura. Hiriente y desconsolado. Mis palabras se volvieron sordas, gracias a ti.